Cómo poner a la ansiedad de tu parte para escribir: el «¿Y si…?» mágico

Si experimentas o has experimentado en algún momento trastorno de ansiedad, no serás muy fan de estas dos palabras y el montón de posibilidades catastrofistas que abre ante ti: «¿Y si…?». ¿Y si salgo de casa y me ocurre algo malo? ¿Y si meto la pata y se ríen de mí? ¿Y si a nadie le gusta lo que escribo? ¿Y si *inserta aquí uno de tus miedos*?

Por lo general, las personas con trastorno de ansiedad solemos tener una imaginación exagerada para ponernos siempre en la peor situación posible. Es nuestro superpoder (de mierda).

¿Por qué no usar algo de eso a nuestro favor?

Porque si eres escritor, esa pregunta, esa incertidumbre tan puñetera, puede ser tu amiga a la hora de pensar la trama de tu relato, novela, texto. Puedes ponerla de tu parte y convertirla en mágica.

De esta manera, vale, sí, en mi vida personal esas dos palabritas me provocan ansiedad, pero a la hora de escribir se convierten en la fórmula mágica para encontrar nuevas ideas y desarrollar una historia.

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La primera vez que escuché hablar de ese «¿Y si…?» en relación a la escritura fue hace ocho años en una charla con Carmen Posadas. Pero, la verdad, no le hice mucho caso porque no escribía tanto como ahora y lo dejé en el cajón (o, más bien, anotado en una libreta olvidada).

Pero el año pasado, el escritor Carlos del Río volvió a hablarme de ello en su curso de escritura creativa que imparte en Santander. Y fue cuando hizo clic en mi cabeza, lo absorbí y empecé a utilizarlo.

Ese «¿Y si…?» mágico nos permite crear la trama de la historia y tirar del hilo como si de una madeja se tratase. Nos da posibilidades, alternativas, ideas. Algunas seguramente sean algo inverosímiles, locas, pero entre todas ellas, como en el brainstorming, podemos encontrar alguna que nos guste o que nos empuje a otra.

De una primera idea, por simple o ridícula que nos parezca, sacamos otra gracias a ese «¿Y si…?». Y cuando tenemos esa segunda idea, volvemos a preguntarnos lo mismo, y sacamos una tercera idea, y después una cuarta, y después una quinta, y repetimos el proceso las veces que necesitemos hasta encontrar la trama, las características, los detalles apropiados. Vamos uniendo puntos, con y sis de por medio.

Idea básica + «¿Y si…?» = Idea 2 + «¿Y si…?» = Idea 3 + «¿Y si…?» = Idea 4, etc.

Hasta ese primer momento con Posadas, en el verano de 2011, el único «¿Y si…?» que conocía era el de mi trastorno de ansiedad. No voy a descubrirte nada nuevo si te digo que este «¿Y si…?» mágico de escritura es, sin duda, mucho mejor y, sobre todo, más útil, ¿verdad?

Publicado por Cintia Fernández Ruiz

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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