La importancia de los 5 sentidos en la escritura

Puedes relajarte: este artículo no es sobre la pandemia. Pero puede que, en esta situación extraordinaria, difícil y estresante, estés utilizando el tiempo en casa para escribir. Así que, durante unos minutos, dejemos el monotema a un lado y ¡hablemos de escritura!

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En literatura, los escritores tenemos ciertos recursos a los que echar mano para dar color y realismo a las escenas y conseguir así que el lector se meta de cabeza en ellas.

Uno de esos recursos son los cinco sentidos de los seres humanos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Es decir:

👀Vista: qué ve el personaje.

👂 Oído: qué oye el personaje.

👃 Olfato: qué huele el personaje.

👅 Gusto: qué saborea el personaje.

👋 Tacto: qué toca el personaje.

Y parece algo evidente, ¿verdad?, recurrir a ellos para nutrir nuestras escenas. Lo que ocurre es que, por lo general, solo usamos (¡al narrar!) dos sentidos: la vista y el oído, quizá los más fáciles de describir, los que casi siempre recordamos. Pero, en muchas ocasiones, nos olvidamos de los otros tres y dejamos de lado las muchas características que nos pueden aportar.

Ojo, esto no quiere decir que ahora debas llenar tus escenas de las percepciones captadas por tu personaje con los cinco sentidos y marear al lector; puedes introducir varios, los que mejor se adapten y beneficien a la escena.

Si trabajamos bien los cinco sentidos conseguiremos que el lector se traslade a esa escena, que huela lo que huele el personaje, que saboree lo que saborea el personaje, que oiga lo que oye el personaje. Lograremos una escena más envolvente, realista, cercana.

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Mira, prueba: observa lo que tienes alrededor, ya sea el color de la pared, la luz que entra por la ventana o la taza de café que tienes sobre la mesa; también presta atención a todo lo que oyes, desde el más leve ruido hasta el más llamativo. Después, cierra los ojos y céntrate en lo que hueles; estés donde estés, va a tener un olor determinado, por leve que sea. Fíjate también en cómo sientes en las yemas de los dedos las teclas del ordenador, el ratón táctil, o, sencillamente, aquello que estés tocando: su temperatura, la presión que ejerces sobre cada tecla, la aspereza o suavidad de la superficie, etc. Para terminar, detén la atención en tu boca, en el paladar, en el sabor que notas en ellos.

¿Lo tienes? Bien. Ahora trata de hacer este mismo ejercicio desde la perspectiva de los personajes que aparecen en tu escena. Trata de ponerte en su lugar e imagina sus percepciones a través de los cinco sentidos.

Recuerda, tu personaje no solo ve u oye cosas, ¡también utiliza los otros sentidos!

Publicado por Cintia Fernández Ruiz

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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