Posesivos incorrectos en primera persona

«Levanté mis manos y, con habilidad, empecé a trenzar mi larga melena».

Fíjate en los posesivos de la frase anterior. Mis manos, mi larga melena.

¿No son redundantes? Y, por tanto, también innecesarios.

El uso incorrecto de los posesivos es común en las novelas, pero, sobre todo, en la primera persona: mi mano, mis ojos, mi cara, su mano, sus ojos, su cara… Esas partes del cuerpo pertenecen a la persona en cuestión, no hace falta reiterar esa pertenencia con el posesivo.

Mi, mi, mi.

Como explica la Fundéu, «con sustantivos que designan partes del cuerpo (cabeza, ojos, oídos, pies, rodillas, etc.), lo común es el uso del artículo (el, la), pero no el del posesivo (mi, tu, su, etc.)».

Y, si lo piensas bien, ese uso del posesivo, en la mayoría de los casos, no tiene mucho sentido:

«Casi creo poder tocarlo con la punta de mis dedos».

Hombre, pues sí, no lo vas a tocar con los dedos de otra persona. En el ejemplo anterior, lo correcto hubiese sido: «Casi creo poder tocarlo con la punta de los dedos».

foto_de_yerlin_matu
Mi, mi, mi… Foto de Yerlin Matu

Como decía, es un error habitual. Basta que cojas un par de libros que tengas cerca y eches un vistazo para que encuentres alguno. Yo caía en ello, hasta que Carlos del Río, escritor y mi profe de escritura creativa, me lo señaló en el primer relato que le entregué. Desde entonces soy consciente de este mal uso, no solo en mis textos, sino en novelas, artículos, etc., de los demás.

Más ejemplos:

❌ «Las palabras se quedaron atrapadas en mi lengua».
✅ «Las palabras se me quedaron atrapadas en la lengua».

❌ «Toqué su pelo».
✅ «Le toqué el pelo».

❌ «Su cicatriz le picaba cada vez que llovía».
✅ «La cicatriz le picaba cada vez que llovía».

❌ «Mi corazón latía a mil por hora».
✅ «El corazón me latía a mil por hora».

Ojo, que hay excepciones: a veces es necesario usar el posesivo para dejar claro de quién es la parte del cuerpo que se menciona, que no haya dudas o malas interpretaciones. 

También habrá quien dirá que en ocasiones podemos recurrir a ello por simple fluidez, porque «queda bien» o por una cuestión de ritmo.

Vale, está claro: cada uno en sus textos hace lo que quiere, pero mejor que sea una decisión consciente y no por simple desconocimiento, ¿verdad?

Publicado por Cintia Fernández Ruiz

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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