Lecturas de mayo: desapariciones y reencuentros

No me he dado cuenta de lo mucho que había leído en mayo hasta que no me he sentado a escribir esto. Así que, entre tanto libro, hay mucha variedad y opiniones diversas. Vamos, que hay historias que me han gustado mucho, otras que no me han gustado nada (aquí va la primera puntuación de una sola estrella del año), otras que ni fu ni fa…

Verity. La sombra de un engaño, de Colleen Hoover

Puntuación: 3 de 5.

Engancha desde el principio; te atrapa y no te suelta hasta las últimas páginas gracias a la manera de narrar de Hoover y a esas dos historias que se cuentan de manera paralela; es muy muy entretenido; tiene escenas perturbadoras, te hace leer en tensión…

PERO después llega el final y… el globo se pincha, así, en un segundo. Al menos, esa es la sensación con la que me he quedado yo. Ha sido algo decepcionante, ¡con la buena historia que la autora había desarrollado!

La oscuridad que conoces, de Amy Engel

Puntuación: 3 de 5.

Historia adictiva y muy dura. Pero, más que un libro sobre descubrir al asesino (que también), es sobre el dolor de una madre al perder a su hija. La autora transmite muy bien ese dolor inconsolable, esa furia. También te traslada por completo a Barren Springs, ese pueblo triste, sórdido, turbio. Es fácil verlo. Y esa suciedad se te mete en los huesos. Ni siquiera tiene un mensaje esperanzador, una lucecita, algo a lo que agarrarte. Te muestra la cruda realidad del machismo, la pobreza, las injusticias, las drogas, la gente sin escrúpulos.

«Lo cierto es que no hay forma fácil de ser una mujer en este mundo. Si te expresas, si dices que no, si te mantienes firme, entonces eres una bruja y una arpía y todo lo que te pase es merecido. «Te lo has ganado a pulso». Pero si sonríes, dices que sí, sobrevives a base de buenos modales, eres débil y estás desesperada. Un blanco fácil. Una presa en un mundo de depredadores. No hay opciones seguras para las mujeres, no hay decisiones que no terminen volviéndosenos en contra. Eso Junie no lo había aprendido aún. Pero con el tiempo lo habría hecho. Todas lo hacemos, antes o después».

El final, en cambio, no me ha parecido convincente. No hace justicia a todo lo bueno que construye Engel página a página. Pronto me imaginé quién era el asesino, aunque no podía encontrar los motivos, y los que ofrece la autora no me convencieron en absoluto. Me hubiese creído más alguna otra teoría que se baraja a lo largo del libro: me resultaba más realista.

Miss Marte, de Manuel Jabois

Puntuación: 2.5 de 5.

Miss Marte es una historia corta que atrapa desde el principio: quieres saber en todo momento qué pasó aquella noche con la pequeña Yulia.

qué bien escribe Jabois. La ambientación, en ese pequeño pueblo de la Costa da Morte donde todos se conocen, es, sin duda, una de mis cosas favoritas del libro; también los pequeños detalles, muy originales, que hacen que la historia parezca real.

«Todos sonamos en algún momento de nuestra vida para algo y casi siempre nos apagan de un manotazo como si fuésemos un despertador».

Cuenta conmigo, de Anyta Sunday

Puntuación: 3 de 5.

Historia bonita y tierna que he leído en un suspiro y que gira en torno a uno de mis tropos preferidos: un friends to lovers de manual. Está contada desde el punto de vista de Sam y de Luke (los protas) y de Jeremy (el hijo de Sam, de 14 años), un detalle que me ha gustado bastante y que le da mucha agilidad a la lectura.

Aun así, mi valoración no es más alta porque:

1) Me ha faltado naturalidad y realismo: algunas escenas y diálogos me han resultado demasiado cursis, poco naturales (pero eso ya es cuestión de gustos).

2) Todos los personajes de la autora me parecen más o menos iguales y en mi cabeza siempre son los mismos.

3) Parece que todavía cuesta que un personaje sea abiertamente bisexual: en el libro ni siquiera se plantea, cuando en realidad Sam se siente atraído por mujeres y, ahora, también por Luke. No es una palabra maldita, se puede decir sin miedo: bi-se-xual.

Las niñas que soñaban con ser vistas, de Pablo Rivero

Puntuación: 1 de 5.

Para mí (porque esto no deja de ser mi opinión), el libro está mal planteado y desarrollado.

El gran fallo es la «investigación» de Pablo, el protagonista: no se lleva de forma orgánica y natural. Las conclusiones a las que va llegando son precipitadas y salen de la nada. De repente se plantea unas cosas que dices: «¿Pero de dónde te has sacado eso?». Consigue los «hallazgos» de manera ridícula, mira cuatro noticias en Internet y hale, ya lo tiene todo. Las motivaciones que le llevan a hacer ciertas cosas, investigar esto o aquello, no tienen peso suficiente; más bien son razonamientos de poco peso para justificar que el autor haya querido meter ciertos temas morbosos y llamativos en su novela (como todo lo relacionado con la Dark Web, por ejemplo).

Además, está lleno de excesivos detalles que no aportan NADA y te plantas a mitad de libro sin que haya ocurrido nada remarcable, pero el autor ha llenado páginas y páginas para contar cada uno de los ingredientes de la cena que prepara Pablo, el protagonista, o cómo era cada prenda de ropa de cada personaje.

El último minuto de nuestras vidas, de Susanna Herrero

Puntuación: 4 de 5.

Mi reseña debería consistir en gritar: ¡¡Dylan!! ¡¡Hugo!! ¡¡Julen!! una y otra vez, porque qué maravilla encontrarme de nuevo con mis personajes favoritos y añadir a esa lista a Julen y conocerle un poquito más.

Ojalá un LIBRO ENTERO con la historia de Julen y Jaime. La manera de conocerse, relacionarse, hablarse, me ha encantado.

Y ojalá mil historias más con todos ellos.

La biblioteca de la medianoche, de Matt Haig

Puntuación: 3 de 5.

En líneas generales me gustó, sobre todo la primera mitad. Prometía mucho. Pero no me convenció tanto la otra mitad. Esperaba que la historia me calentase el corazón, que me diese cierta esperanza, que me ayudase un poquito, pero… no. Me sentí identificada con los problemas de salud mental de Nora, pero, precisamente por eso, por encontrarme en una situación parecida («Creo que tu problema era el miedo a la vida»), el final me ha parecido algo decepcionante. Muy de libro malo de autoayuda, no sé.

«Entró en Instagram y vio que todo el mundo había averiguado cómo vivir, salvo ella».

Aun así, es una historia original y diferente, a ratos durilla, en la que vas conociendo las diferentes vidas que podría haber tenido la protagonista y, a ratos, te hace reflexionar.

Desaparición para expertos, de Holly Jackson

Puntuación: 4 de 5.

Una vez más, la manera de escribir de Holly Jackson es fantástica. No solo a nivel estilístico, sino a su capacidad de desarrollar la historia. Está todo muy bien hilado, e incluso hay pequeñas cositas que se arrastran desde el primer libro. No ocurre como en otras historias donde parece que el autor se va sacando cosas de la manga según más le conviene. Aquí todo se desarrolla de manera orgánica.

El personaje de Pip, que ya en el primer libro tenía vida propia y profundidad, sigue creciendo: conocemos otros matices más oscuros, otros más reales (por favor, que alguien la lleve a terapia). Su relación con Ravi, además, es fantástica y muy natural.

La edición del libro es una pasada, con fotos reales que toma Pip de ciertas pistas de la investigación. Así, en todo momento conoces lo mismo que ella, tienes ante ti las mismas pistas que ella utiliza para resolver el misterio.

Razones para seguir viviendo, de Matt Haig

Puntuación: 3 de 5.

Lo leí de una sentada durante una tarde muy muy muy mala. Y me sentí tan identificada en tantas partes que a ratos no entendía cómo el autor había conseguido meterse en mi cabeza.

Así, Haig hace una aproximación a la depresión (y la ansiedad) desde su experiencia, logra transmitir de forma magistral sus sensaciones, te pone en su piel, pero desde el principio deja claro que es eso, su experiencia, y que cada uno vive estos trastornos de manera diferente. Aun así, me vi muy representada en sus palabras y tanto si sufres depresión como si no, te ayudarán un poco a entenderla (entenderte) mejor.

Y, sí, el libro da esperanza, pero no porque te haga creer que todo se va a arreglar mágicamente, sino porque te enseña y recuerda que no estás solo, que lo que te ocurre le pasa a más personas, que hay más gente que se siente como tú.

Publicado por Cintia Fernández Ruiz

Leo, escribo, corrijo. Y vuelta a empezar.

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